El barquero



(foto tomada de lahuida.blogspot.com)



Niní estaba con los pies en el agua robusta, salada, revuelta. Su boca estaba hermética hacía ya una semana. Todos creían que se había vuelto autista. Para los desesperados no hay nada peor que no les hables. El mayor consejo que le dieron a Niní se lo dio un Romano llamado Emanuelle: “Nunca creas que eres lo que los demás dicen que eres, pués te estarás equivocando”. A pesar de que era un consejo tenía bastante sentido. La gente suele abrir demasiado la boca y el pensamiento para definirte y después les chupas un cuerno. Niní hermética, en tierras de sal, recordaba a un gran amor, un amor que llevaba dentro. Cuando Niní sentía dolor se iba al mar para poder llorar. Le resultaba placentero llorar frente al mar, de esta manera todo regresaba a su origen.

Niní había tenido un amor que armaba barquitos de papel. Lo conoció en una cafetería de la terminal de Liniers. Él hizo un precioso barco de servilleta para ella, luego sacaron dos pasajes a Mar de Ajó y fueron a lanzar el barquito al mar. Es muy difícil echar a andar un barco de papel en las robustas aguas saladas pero ellos se metieron bien adentro y lo lograron. El Barquero era madera y agua, tenía ojos roble claro y piel sudada. A Niní le encantaba la pancita que llevaba como balcón, pancita que se componía principalmente de asado y vino tinto. Se quedaron con el barquero en Mar de Ajó un mes y luego volvieron a Buenos Aires, pues él debía seguir haciendo barquitos de papel en la cafetería, esa era su misión para ese entonces. Al mes y medio Niní notó que se le había asomado una pancita balcón a ella también, pues estaba engendrando. Al poco tiempo perdió el embarazo y ellos no volvieron a intentarlo. Pasaron dos años, la monotonía y las confusiones comenzaron a tragarse este gran amor. Violentamente, toda la ternura quedo arrasada, tanto que Niní llegó a pensar que los barcos de papel eran una pelotudes bárbara y el barquero llego a creer que Niní no tenía poderes verdaderos. Se perdieron de vista.

Ahora Niní cada vez que puede lo llora desde alguna costa, pues todavía lo sigue amando al igual que el Barquero a ella. Lo que es más admirable del amor es que cuando se transforma se enriquece. Pero a veces en su transformación se hace invisible por un largo tiempo.

Niní estaba con los pies en el agua robusta, salada y revuelta de Santa Teresita. De repente un barquito de papel llega hasta ella. El barco estaba seco y decía: ¿Querés tener una pancita balcón conmigo?





6 comentarios:

  1. Qué montón de hermosas luces trae ese barquito...

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  2. Cuánto hará que navega a la deriva en ese mar...

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  3. De repente y sin razón, el barco llega a su puerto. No es que anduvo a la deriva, estuvo pescando experiencias, recolectando horizontes y buscando su norte. Y el amor que lleva de carga encuentra destinatario.

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  4. Me gusta cuando las cosas llegan así... cuando las trae el agua...

    Saludos desde Mundo Aquilante

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  5. Aisss joder, me dejas que me enamore un ratito de Nini??? :))

    Besazos enormes desde mi mundo

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Te escucho soy Luisa Delfino