Incluso siendo otoño, la época de las pérdidas por demás, Niní comenzó a coquetear con los lugares de los que ya no se vuelve. Niní siempre fue una mujer expeditiva, la conozco desde que vivía en la avenida Juan B. Justo. Pasaba los días metida en su departamento investigando las plantas del patio. Amaba los muzgos, esos eran los más difíciles. Siempre apostó fuerte, casi siempre perdió fuerte. Ella prefería poder contarle algo nuevo a su padre en vez de estar llevando una vida normal llena de relaciones, tuco y colores combinables. Era expeditiva, quizá demasiado. Una vez descubierta la cosa que investigaba, Niní sentía un gran vacío, quizá como el espacio que hay entre la rueda y el eje, quizá como el espacio que hace que algo cumpla su función. El peor momento es el más esperado, decía su padre. No es bueno estar bajo control en otoño. Otoño es una estación para dedicarse a perder. Eso es lo que hizo Niní en el tiempo de las hojas. Perdió la forma de definir su historia, perdió datos importantísimos acerca del dolor, perdió la oportunidad de contar secretos, perdió el encuentro con su verdadero amor en un supermercado chino, y, lo peor de todo, es que se quitó lo que era de ella (algo así como robarse a uno mismo, una verdadera canallada).
No era conciente, no lo fui. De esa semana sólo recuerdo un segundo a duras penas. Un segundo es lo que vale de un día, vivimos para sentir ese segundo.
Como si fuéramos invitados, apenas puros huéspedes del deseo mundanal. Es increíble lo que ansiamos elegir quedarnos en la casa. La casa resulta incómoda para los monos que son animales que no les importa más que sacarse piojos entre sí. La casa resulta incómoda para nosotros. Quizá nunca conocerás la libertad ¿Hay algo más importante y doloroso que eso? quizá no alcance una vida para que seas libre. Jamás correrás por un campo dorado en pelotas o puede que sí, pero jamás serás tu mismo ¿te lo has puesto a pensar? La casa incómoda te impide, te esconde, te confunde todo el tiempo. No puedes mirar a un pichón tranquilo que ya te está mostrando el águila. Y sí, el águila es un ave grande, poderosa, pero quizá te aniquile con el tiempo, sin embargo el pichón sólo quería que lo vieras caer de su nido para que comprendas la muerte y consigas el sentimiento de compasión. Es patético tener que conseguir un sentimiento. ¡Recupérate! eres de la especie.
No conocerás todo el mundo ¿sabías eso? ¡No conocerás todo tu planeta! eso suena como algo poco, como algo que no basta. Vivimos todo el tiempo pensando que lograremos llevarnos el mundo por delante, y el mundo no sólo nos lleva por delante a nosotros sino que nos da otra oportunidad para lo imposible. Y no lo hace porque le divierta, no sé por qué lo hace, nunca sabremos qué misión oculta esta infinita posibilidad. Somos contra natura, habría que aceptarlo. Creemos en la eternidad cuando claramente la naturaleza nos demuestra que eso no existe. Prometería aceptar que siempre faltará algo, porque la cosa es así; prometería aceptar que no conoceré todo el mundo en una vida. Lo prometería pero sé que no voy a cumplirlo. Siempre vamos a querer más, porque no queremos volver a regresar aquí.
Fría mecánica del tiempo, cono de sombra, cono de luz, la noche y el día, solsticio y equinoccio: el sol que nos cuenta mentiras fabulosas, y la tierra que se viste y se desviste de sus esplendores como una prostituta, "¡salve, moscardón ebrio!». Y al fin sólo una piedra que huye girando, que gira huyendo en un espacio infinito... no, indefinido; porque la noción de infinito sólo corresponde... Bueno, alma, bueno..
Siempre creí que hay un gran árbol en algún lugar del mundo que es el que acuna los deseos de la gente del planeta tierra. De hecho estoy segura que existe, es parecido al de Avatar incluso. Brilla y no lo puede ver cualquiera. Los deseos que acuna y distribuye son los que se conciben desde el vacío y la humildad. El árbol da la oportunidad de que cada ser humano vaya en busca de lo que quiere o necesita, pero si de deseos se trata, si de milagros estamos hablando éste árbol es el verdadero encargado. No conoce de distancias, no es necesario visitarlo, el lugar que habita es secreto.
Increíble saber esto ¿verdad? A veces saber cosas maravillosas nos hace vivir la debacle del mundo con más alegría y comprensión. Para mí los milagros son los que me hacen sobrevivir y me empujan al deseo punzante de querer vivir, vivir en plenitud y con gracia.
Lo que sé de los deseos es muy poco, pero sí sé que uno tiene que estar vacío adentro para que el árbol te escuche y se disponga a mover estrellas, planetas, lunas y soles. La humildad del dolor o la humildad de cualquier otro sentimiento te permite acceder al árbol. La franquezaes una puerta a nuestra felicidad. Es cuando sabés que te equivocaste, que lastimaste a alguien, que te lastimaste, que te confundiste, que apostaste algo que no tenías,y miles de ejemplos más, pero sabés eso y ya no queda nada por hacer más que pedir perdón y perdonarte. Asumir que no podés, que algunas cosas no podés y está bien. Es cuando te pones primera incluso estando vacía, porque te bancas a muerte y preferís salir a hablar con el arbolito éste que quedarte en un lugar que no te corresponde, quedarte en un lugar en el que no hay nada para vos ni vos tenés nada más para el lugar. Entonces aparece el tiempo de la franqueza y de los milagros, es ese el momento para viajar, liberarte y pedir lo que deseas.
El dolor puede ser un gran aliado pero nunca tu mejor amigo. Cuando el dolor te visita muy seguido es peligroso. Hay que aprender a atenderlo por el portero y decirle que estás con visitas y no lo podés atender. Pero igual es un gran aliado, siempre te separa de la mierda del mundo. Anotate el consejo que te acabo de tirar.
Yo vivo de una manera extraña. A veces vivo como sobreviviendo (de chica fui así). A veces vivo como jugando con la realidad, participo del mundo pero en el fondo creo que todo es una gran estupidez. Esto nada tiene que ver con la humildad claro, pero a lo que voy es que mantener el equilibrio entre ser y estar es complejo. Aprendí a tener ésto a mi favor, porque cuando me tomo algo muy enserio lo que me salva es recordar que siempre creí que el mundo y sus cositas eran una porquería que no valían dos patacones. Lo único en lo que creí de niña es en los sentimientos, es lo único que no me parece barato aquí. Los sentimientos, lo que te acerca a éstos y la Naturaleza, después paremos de contar. Creí en la gente que amo y que amaré, creí sólo en el amor incondicional. Y así vivo, jugando siempre con ese equilibrio, jugando al tentempié en el precipicio (como canta Ana Prada).
Luego de perderte, de confundir incluso tus sentimientos, luego de llorar mucho sin saber por qué tanto, llega el momento de hacer la mochila e ir a charlar un poquito con ese árbol. Cuando se regresa del árbol, se regresa con una sonrisa multiorgásmica. ¿Qué tendrá ese árbol no?
Los humanos no somos humildes, los humanos por lo general hemos aprendido a ser estúpidos. Pero si querés pedir un deseo para este final de año que se acerca, vas a tener que aprender a ser humilde que también significa acortar la brecha que hay entre los demás y vos. No sos fantástico ni mejor que otro. Lo que estaría genial para este 2012 que se viene y que se termina rápido (porque no sé si sabían que se viene el fin del mundo y vamos a morir todos calcinados), es que aprendamos cómo es eso de ser menos estúpidos, estaría bueno tener una sonrisa multiorgásmica para ese entonces.