Niní ha decidido morir con la mano en el corazón y es por eso que no se la quita del pecho nunca. Esto le genera problemas motrices y complicaciones varias. No puede hacer nada que le implique la utilización de sus dos manos. Jamás se quita la mano del pecho, es que Niní no sabe cuando va a morir.
Lo bueno de esto es que: algunos galancetes la acompañan cargándole las bolsas de las compras; en los gimnasios se libera de hacer abdominales o fuerza de brazo (por una cuestión simétrica), se depila una sola axila, no abraza a nadie, y cuando se encuentra en ciertas dificultades en vez que se la trague la tierra se coloca la otra mano en el pecho y se hace la muertita. Lo mejor de todo es que la gente siempre le cree a Niní todas las cosas que dice, incluso las que son mentiras obvias o alocados inventos, ella siempre comienza sus historias con la conocida y bien ponderada frase “te lo digo con una mano en el corazón” (mientras que con sus ojitos aceituna señala su pecho).
No todo es color de rosa, las ideas que se llevan a la acción producen algunos contratiempos, en el caso de Niní: Pierde bastantes colectivos, no corta los alimentos con cuchillo sino que utiliza sus propios dientes para hacerlo, come empanadas en exceso por su fácil manipulación, no puede conducir automóviles sin chocarlos, no salta a la soga (a no ser que tenga un poste o un árbol cerca), y se le impide la ejecución de algunos instrumentos musicales.
En el sexo una mano menos resulta un problema para los hombres. Siempre hay alguno que se queja y quiere que ella se deshaga de esa “obsesión” (así la han llamado varios irrespetuosos). Muchos la quieren convencer de que no es posible morir durante el acto sexual. Una gran mentira, ya que es muy probable morir en medio de un coito, sobretodo si al mamerto se le ocurre realizar posiciones de riesgo como la de “la suricata en el ventilador”. Por este motivo Niní decide –luego de varios hechos bochornosos- no tener sexo con ningún hombre que la induzca a quitarse la mano del corazón.
La vida de Niní podría cambiar si alguien lepredijera el día de su muerte, pero como eso no ha sucedido aún, ella mantiene la palma en el pecho bien cerquita de eso que late.
(Somos una plantación de papa, en terrazas, con un tipo que trabaja sobre nosotros y nos reproduce incesantemente. Las plantas son todas iguales pero a algunas les toca estar arriba)
Para Niní el paso del tiempo…para Niní acelga con salsa blanca y dos huevos duros en el medio. Esto es para ella como el pastel de papa para casi todos los demás. No jodamos con la papa que ha salvado vidas en épocas de guerra pero en lugares muy lejanos. La papa es el símbolo de la rutina alimenticia y claramente está sobrevaluada. La papa es una hortaliza que no cuesta nada conseguir, por lo tanto es aburrida para la mayoría de los desesperados. Lo peor es que éstos hipócritas le hacen culto a esta hortaliza. Niní prefiere la acelga con salsa blanca y dos huevos duros en el medio, Niní prefiere a su madre.
La comida es un gran referente del paso del tiempo por varias cuestiones: Una, porque se echa a perder (como los seres humanos). Por ejemplo: cuando abrís la heladera y te encontrás con un cacho de queso de color verde (que no es roquefort) envuelto en un pedazo de plástico transparente, te podría decir que estás en problemas. La dejadez ha llegado a tu heladera (el artefacto más útil de la casa). Mario se estaba echando a perder como si fuera un atado de cigarrillos vacío en el tacho de la basura. Hay dos datos horribles que corroboran el carácter miserable de un atado de puchosvacío: El primero es que está vacío, o sea que te fumaste todos los cigarros, o sea que es probable que a la larga te provoques un enfisema pulmonar. El segundo dato que expone la miseria del paquete es el mismo dato anterior: repito, está vacío ¡está vacío! y vos estás con una ansiedad grandiosa y ya no tienes esas vergas para engañar las puteces de tu alma. Mario era tan miserable como un paquete de puchos vacío tirado en la basura, era una mala noticia por donde lo mires.
Niní gustaba de la acelga con salsa blanca y dos huevos duros en el medio. Se necesita perseverancia, se necesita perseverancia. No le hables a Niní de la papa, no le hables a Niní de los paquetes de puchos vacíos, ni de Mario que es un ser que no limpia su heladera o lo que es peor no come la comida.
(Conviene ser como esta planta de papa, erguida en su camino, si es que te toco en esta vida ser papa. Así es Niní)
Niní es un alma frágil que necesita de los nuevos descubrimientos y de los milagros. En esta ocasión Niní descubrió cómo ver las estrellas. Esto fue logrado mediante una fuerte inflamación en el trígemino (no pienso desarrollar la palabra trigémino pero es algo que cuando se inflama duele sobremanera y produce este gran milagro: ver las estrellas bien de cerca).
Hay dos formas de tomarse los asuntos desafortunados: La primera es preguntarse ¿por qué a mí? (ésta es la más común y conveniente), y la segunda es capitalizar el problema (“capitalizar” figura en el ranking número cinco de los verbos más detestables del mundo de la palabra, pero como el trigémino no le tuvo respeto a Niní yo tampoco se lo voy a tener a una oración).
Aparte de ver las estrellas Niní aprendíó que la inflamación siempre le avisaba cuando el pasado aparecía con ansias de derrumbar su presente.
Pasaron muchas cosas y tiempo, mas finalmente, Niní capitalizó el asunto y no sólo que se dedico a descubrir constelaciones sino que aprendió a levantar la ruina del presente. Todo gracias al trigémino (que es una palabra que no pienso desarrollar).
Yo quería ser como ella, incluso cuando tenía dieciocho años me le parecía bastante. Vestía de ropa oscura, borcegos con plataforma y era groupie de Charly García. El tiempo me ha quitado la aspereza de la adolescencia. Me gustaba el gesto tímido y adolorido de su cara, me identificaba con eso. Ayer me pasaron este video y me puse a recordar tanto… quién era yo en ese entonces; quién era yo cuando soñaba la posibilidad de poder vivir en otro lugar (estaba enamorada de Praga), quién era yo cuando soñaba andar por la vida con un vestido largo azul… Cantaba a los alaridos este tema y la iba a ver tocar a canal siete. Victoria me había conseguido un autógrafo de ella y yo lo tenía enmarcadito y pegado en mi pieza como si fuera un tesoro. La adolescencia es el tiempo de la desesperación por excelencia. Salís al mundo de afuera y buscás a alguien que se parezca a vos, es lo único que haces las veinticuatro horas del día. Yo encontré a María Gabriela, ella era yo y quién yo quería ser. Luego me sucedió lo peor que le puede suceder a un ser humano: crecí, y ahora yo soy parámetro para algunas adolescentes de la familia. Yo les digo que imiten a Pampita o las de casi ángeles, pero ella me quieren y me imitan a mí. Cuando Epúmer se murió lloré mucho. Cuando se fue se llevó el vestido azul, los borcegos, la ropa oscura, y las visitas a la casa de Charly… Se llevó casi todo lo que tenía en esa época. Pensé: ¡Qué suerte que ya no me parezco tanto a ella! Yo no me quiero morir. Y ahí dejé todo.
Los patos vuelan bajo y pueden ver claramente a una humanidad de extraviados.
La mujer se encuentra en el centro real siendo el eje del movimiento de todo lo que acontece. Y el movimiento acontece rápido, pues todo le pertenece al tiempo inevitable que no descansa. Niní no olvidó jamás lo que le dijo el marsellés: “No se puede controlar lo que no descansa”.
Lo que hace muy bien Niní es contemplar los patos aquellos, esas bestias aladas que vuelan bajo y están libradas de ser útiles, quizá la mayor libertad que un ser de esta tierra pueda gozar.
Se despertó en el agreste y dio gracias por su paz. A la mitad del día tomó su rifle y le disparó a uno de los patos. Nada puede definir a las especies, finalmente ese pato fue desprevenidamente útil, alimentó a Niní quién con humildad y sintiendo el claustro que siente un depredador prendió un fuego.
Niní ya no se pregunta: ¿Quién soy? sino más bien ¿Quiénes son todos estos?
A los patos les conviene volar alto porque si van bajo se corrompen.
Incluso siendo otoño, la época de las pérdidas por demás, Niní comenzó a coquetear con los lugares de los que ya no se vuelve. Niní siempre fue una mujer expeditiva, la conozco desde que vivía en la avenida Juan B. Justo. Pasaba los días metida en su departamento investigando las plantas del patio. Amaba los muzgos, esos eran los más difíciles. Siempre apostó fuerte, casi siempre perdió fuerte. Ella prefería poder contarle algo nuevo a su padre en vez de estar llevando una vida normal llena de relaciones, tuco y colores combinables. Era expeditiva, quizá demasiado. Una vez descubierta la cosa que investigaba, Niní sentía un gran vacío, quizá como el espacio que hay entre la rueda y el eje, quizá como el espacio que hace que algo cumpla su función. El peor momento es el más esperado, decía su padre. No es bueno estar bajo control en otoño. Otoño es una estación para dedicarse a perder. Eso es lo que hizo Niní en el tiempo de las hojas. Perdió la forma de definir su historia, perdió datos importantísimos acerca del dolor, perdió la oportunidad de contar secretos, perdió el encuentro con su verdadero amor en un supermercado chino, y, lo peor de todo, es que se quitó lo que era de ella (algo así como robarse a uno mismo, una verdadera canallada).
No era conciente, no lo fui. De esa semana sólo recuerdo un segundo a duras penas. Un segundo es lo que vale de un día, vivimos para sentir ese segundo.
Como si fuéramos invitados, apenas puros huéspedes del deseo mundanal. Es increíble lo que ansiamos elegir quedarnos en la casa. La casa resulta incómoda para los monos que son animales que no les importa más que sacarse piojos entre sí. La casa resulta incómoda para nosotros. Quizá nunca conocerás la libertad ¿Hay algo más importante y doloroso que eso? quizá no alcance una vida para que seas libre. Jamás correrás por un campo dorado en pelotas o puede que sí, pero jamás serás tu mismo ¿te lo has puesto a pensar? La casa incómoda te impide, te esconde, te confunde todo el tiempo. No puedes mirar a un pichón tranquilo que ya te está mostrando el águila. Y sí, el águila es un ave grande, poderosa, pero quizá te aniquile con el tiempo, sin embargo el pichón sólo quería que lo vieras caer de su nido para que comprendas la muerte y consigas el sentimiento de compasión. Es patético tener que conseguir un sentimiento. ¡Recupérate! eres de la especie.
No conocerás todo el mundo ¿sabías eso? ¡No conocerás todo tu planeta! eso suena como algo poco, como algo que no basta. Vivimos todo el tiempo pensando que lograremos llevarnos el mundo por delante, y el mundo no sólo nos lleva por delante a nosotros sino que nos da otra oportunidad para lo imposible. Y no lo hace porque le divierta, no sé por qué lo hace, nunca sabremos qué misión oculta esta infinita posibilidad. Somos contra natura, habría que aceptarlo. Creemos en la eternidad cuando claramente la naturaleza nos demuestra que eso no existe. Prometería aceptar que siempre faltará algo, porque la cosa es así; prometería aceptar que no conoceré todo el mundo en una vida. Lo prometería pero sé que no voy a cumplirlo. Siempre vamos a querer más, porque no queremos volver a regresar aquí.
Fría mecánica del tiempo, cono de sombra, cono de luz, la noche y el día, solsticio y equinoccio: el sol que nos cuenta mentiras fabulosas, y la tierra que se viste y se desviste de sus esplendores como una prostituta, "¡salve, moscardón ebrio!». Y al fin sólo una piedra que huye girando, que gira huyendo en un espacio infinito... no, indefinido; porque la noción de infinito sólo corresponde... Bueno, alma, bueno..
Siempre creí que hay un gran árbol en algún lugar del mundo que es el que acuna los deseos de la gente del planeta tierra. De hecho estoy segura que existe, es parecido al de Avatar incluso. Brilla y no lo puede ver cualquiera. Los deseos que acuna y distribuye son los que se conciben desde el vacío y la humildad. El árbol da la oportunidad de que cada ser humano vaya en busca de lo que quiere o necesita, pero si de deseos se trata, si de milagros estamos hablando éste árbol es el verdadero encargado. No conoce de distancias, no es necesario visitarlo, el lugar que habita es secreto.
Increíble saber esto ¿verdad? A veces saber cosas maravillosas nos hace vivir la debacle del mundo con más alegría y comprensión. Para mí los milagros son los que me hacen sobrevivir y me empujan al deseo punzante de querer vivir, vivir en plenitud y con gracia.
Lo que sé de los deseos es muy poco, pero sí sé que uno tiene que estar vacío adentro para que el árbol te escuche y se disponga a mover estrellas, planetas, lunas y soles. La humildad del dolor o la humildad de cualquier otro sentimiento te permite acceder al árbol. La franquezaes una puerta a nuestra felicidad. Es cuando sabés que te equivocaste, que lastimaste a alguien, que te lastimaste, que te confundiste, que apostaste algo que no tenías,y miles de ejemplos más, pero sabés eso y ya no queda nada por hacer más que pedir perdón y perdonarte. Asumir que no podés, que algunas cosas no podés y está bien. Es cuando te pones primera incluso estando vacía, porque te bancas a muerte y preferís salir a hablar con el arbolito éste que quedarte en un lugar que no te corresponde, quedarte en un lugar en el que no hay nada para vos ni vos tenés nada más para el lugar. Entonces aparece el tiempo de la franqueza y de los milagros, es ese el momento para viajar, liberarte y pedir lo que deseas.
El dolor puede ser un gran aliado pero nunca tu mejor amigo. Cuando el dolor te visita muy seguido es peligroso. Hay que aprender a atenderlo por el portero y decirle que estás con visitas y no lo podés atender. Pero igual es un gran aliado, siempre te separa de la mierda del mundo. Anotate el consejo que te acabo de tirar.
Yo vivo de una manera extraña. A veces vivo como sobreviviendo (de chica fui así). A veces vivo como jugando con la realidad, participo del mundo pero en el fondo creo que todo es una gran estupidez. Esto nada tiene que ver con la humildad claro, pero a lo que voy es que mantener el equilibrio entre ser y estar es complejo. Aprendí a tener ésto a mi favor, porque cuando me tomo algo muy enserio lo que me salva es recordar que siempre creí que el mundo y sus cositas eran una porquería que no valían dos patacones. Lo único en lo que creí de niña es en los sentimientos, es lo único que no me parece barato aquí. Los sentimientos, lo que te acerca a éstos y la Naturaleza, después paremos de contar. Creí en la gente que amo y que amaré, creí sólo en el amor incondicional. Y así vivo, jugando siempre con ese equilibrio, jugando al tentempié en el precipicio (como canta Ana Prada).
Luego de perderte, de confundir incluso tus sentimientos, luego de llorar mucho sin saber por qué tanto, llega el momento de hacer la mochila e ir a charlar un poquito con ese árbol. Cuando se regresa del árbol, se regresa con una sonrisa multiorgásmica. ¿Qué tendrá ese árbol no?
Los humanos no somos humildes, los humanos por lo general hemos aprendido a ser estúpidos. Pero si querés pedir un deseo para este final de año que se acerca, vas a tener que aprender a ser humilde que también significa acortar la brecha que hay entre los demás y vos. No sos fantástico ni mejor que otro. Lo que estaría genial para este 2012 que se viene y que se termina rápido (porque no sé si sabían que se viene el fin del mundo y vamos a morir todos calcinados), es que aprendamos cómo es eso de ser menos estúpidos, estaría bueno tener una sonrisa multiorgásmica para ese entonces.
Aquí preséntoles a la Mujer Misterio, un personaje sin paragón, una piedra en el zapato de cualquiera...
Quien busca su identidad cultural no la construye. Quien se encuentra fuera de la patria, corre serio peligro (sino vea cómo queda luego de cada viaje). La Mujer Misterio, una Mujer de mundo, viaja en alpargata y vuelve en taco aguja.
Llorar a chorros. Llorar la digestión. Llorar el sueño. Llorar ante las puertas y los puertos. Llorar de amabilidad y de amarillo.
Abrir las canillas, las compuertas del llanto. Empaparnos el alma, la camiseta. Inundar las veredas y los paseos, y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
Asistir a los cursos de antropología, llorando. Festejar los cumpleaños familiares, llorando. Atravesar el África, llorando.
Llorar como un cacuy, como un cocodrilo... si es verdad que los cacuyes y los cocodrilos no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo, pero llorarlo bien. Llorarlo con la nariz, con las rodillas. Llorarlo por el ombligo, por la boca.
Llorar de amor, de hastío, de alegría. Llorar de frac, de flato, de flacura. Llorar improvisando, de memoria. ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!
"Ser sencillo es arduo, porque ser sencillo cuesta todo lo que tienes. Tienes que perderlo todo para ser sencillo." (osho)
Es taaaannnnn así, a veces ni siquiera llegás a perder, pero el hecho de estar preparado y listo para perder te convierte en un ser sencillo. Se te vacían los ojos, no tenés ansiedad de nada, todo te emociona y fundamentalmente comenzás a agradecer.
No siempre uno puede estar así, claro (no somos el dalai lama), pero cuando nos sucede es maravilloso. Porque sos sencillo, te quedas con vos mismo y te das cuenta que sos diferente al personaje que contás en la novelita de la vida,
Sé lo que quiero decir pero no sé cómo lucen mis palabras. Me gusta la estética de las cosas, espero la estética. Todo tiene su punto de mayor belleza y si uno no espera, ese punto se esfuma; se pudre, no llega a brillar como se le había sido encomendado. Porque dios encomienda cosas y nosotros le damos el tiempo necesario para expresarse.
La noche del alma, aparece como un número, tal vez un once que es un número que se parece a él mismo. La noche se parece a mí cuando se calla y queda sin palabras, en silencio como debería. La noche no es una música estridente que se escucha desde el interior de algún auto, no es la bocina, ni el ruido que hace la gente cuando se saluda en la puerta de un restauran (o como se escriba). La noche es como yo, es el silencio que espera al grillo. Y odio, odio ser el auto estridente o una bocina o los saludos de la gente que se encuentra o se desencuentra –ya no sé-. Alguna vez dios ha comentado que la noche tuvo que aprender a ser ella misma, que el Uno tuvo que aprender a ser dos y once, que yo tuve que aprender a callar y esperar al grillo.
Cuando quiero dormir la siesta aquí salgo a ver las estrellas que consagra el mediodía en el río. El arroyo Chaná completamente estrellado a las dos de la tarde. Enseguida me da sueño cuando las miro. Si no fuera por las estrellas del río no podría dormir la siesta porque el sueño me lo inspira la noche.
Cuando me levanté esa tardecita me dí cuenta que había soñado. El sueño había sido revelador. Los acontecimientos de la vida; una, dos, tres y más personas; la sarta de boludeces que resolví luego de un trauma, mis padres, los monstruos, un país y otro, el amor que llevo dentro, el dulce dolor que llevo en mí. El sueño me reveló que para olvidarse de algo hay que acordarse siempre.
Cuando se entra se sale. Todo lo que te pasa TE pasa.
Cuando se atraviesa una tormenta (prepárense porque creo que esto curte autoayuda y puede ser un gomazo) Como decía, cuando se traviesa una tormenta chango te quedan dos cosas por hacer: O le das vuelta la cara y fingís que no está pasando, hacés de cuenta que no va a suceder eso de que te parta un rayo la cabeza, ¡O! La mirás de frente y te peinas con la misma (como hacen los leones).
La opción B aparece después de mucho tiempo de ver llover maestro… Al principio le vas a dar tanta vuelta al asunto… te vas a correr la cola como los perros que son medio pelotudos (generalmente son perros de gente grande, perros mimados). Es que la tormenta da su aparición así: Empezás a sentir una molestia (hay sol todavía ojo), pero tenés un poco de frío afuera.Dormís mal (pesadillas o insomnio). No sabés por qué, tu vida está genial (habrás comido de más y soñaste que una pantera te entra a la zapie, bue…). El sol sigue brillando pero vos te sentís como el ojete de incómodo/a. Y comenzás a disimular porque ya sabés lo que se viene, ya estuviste ahí, si se revuelve el mar quiere decir tormenta. ¿Cómo mierda comandas el barco? ¡qué paja! (para hablar mal y pronto). Todas las tormentas suelen ser peores a la anterior, o sea, no tenés ni idea con qué te venís ahora, si te partirá efectivamente un rayo o qué. Te decís ufff la última fue bien jodidita casi me internan (por puto que es el mundo que no siente una reverenda mierda, no se anima). Te das vuelta y entrás a correr cual Forest Gump (hermoso personaje, el mejor de Tom Hanks luego del que se queda varado en el aeropuerto). Corrés pero las cosas alrededor tuyo no se mueven, no avanzás un paso ¡Al contrario! La tormenta te comienza a chupar el orto de manera considerable, pero vos le das a las piernas a ver si zafás. Como ves que no, el camino más sencillo es mirar al afuera. Todo el afuera es una garcha, y posta que todo se convierte en una mierda. El afuera comienza a mostrarte un espejito que no te querés fumar. Te lo muestra así te das vuelta y ves la tormenta, pero vos no, dale que va con el otro, el problema es el mundo, no vos. Y claro que sí, cuando estás así todo lo que te rodea se vuelve bastante vil, es cierto. Y las ganas de rendirte y llorar empiezan a surgir (luego del miedo, del pavor que no sabés de donde viene, solo pedís que se te vaya). Y llorás de espalda a la tormenta mucho tiempo, mucho, cada vez con más intención y sentís que te morís y que encima no entendés por qué te morís (alta confusión lograste para ese entonces). Un día ¡clic! Sí, el famoso clic que aparece cuando nadie lo llama. El clic de la rendición a que algo no te pase, a que muchos algo no te pasen. Y decís mientras chupas una naranja, ¡a tomar por culo de vieja! Ya estoy dolido/a, ya no me voy a sentir peor ¿A ver cómo es la lluvia?
La lluvia es tuya , es tu preciosa agua con tus repugnantes debilidades. La lluvia sos vos haciendote mierda por deporte, porque sí,sin necesidad alguna sino por costumbre. Y mientras ves esos maravillosos rayos de fondo que dibujan lo espantoso de la noche, decís: esto soy ¿esto soy? ¿esta tormenta? Ah, yo pensé que iba a ser peor. Y ahí el viento te soplo fuerte fuerte en la cara, te sopla con agua, y tus pelos se van para atrás haciéndote ver todo con claridad. Como una antorcha, la tormenta te marca el camino que tenés que seguir, TU camino. Porque cada persona tiene su tormenta, como cada uno de nosotros tenemos un peine personal.
Y sonreís y creas y el puto mundo sigue igual pero a vos, a vos te agarró peinado/a para la foto.
Y sigo posteando sobre este gran hombre (videos que ya habrán visto)... sigo emocionada. Creo que lo quiero y un día como hoy lo extraño. De hecho lo extrañé en la plaza el domingo (pero no dije nada).
Como es la vida eh... no alcanzan las preguntas porque no alcanzan las respuestas que le hago a Dios sobre mi país. Pero siento que nos sucedió como nos sucedió con Evita. Nos la quitaron.
Hoy sí, hoy sí que me salen palabras como recuerdos delgados, bastante húmedos, insomnes como búhos. Recuerdos que no se han ido a dormir, y no se irán nunca.
Recuerdo este día del año pasado, lo recuerdo muy bien. También la primera vez que fui a escucharlo hablar… éramos tres gatos locos, locos y peronistas. Me acuerdo que con mi amigo Colombi gritábamos: ¡Pongan la marcha! Porque pasaban tímidamente el Himno Nacional cantado por Charly García. Estábamos recuperando la ESMA y no era poco. Clarín todavía lo quería, bah… una forma de decir. Pero él lo tenía todo pensado, metió la primera pata en el camino y de ahí en más no paró, no pararon.
27 DE OCTUBRE DE 2010
Yo estaba por censar en la isla del tigre. Gozaba de una gran alegría, por los compañeros con quien censaba, porque censaba, porque la isla, porque los tigres… en fin, estaba verdaderamente entusiasmada. Nos recibía una vecina con mates para que organicemos todas las planillas. Y como buenos peronistas arrancábamos organizadísimos y con gusto.
PLACA NEGRA DE CRÓNICA
Y ya no puedo explicar lo que pasó, porque de repente se hizo un silencio y unas miradas que se cruzaban como hilos de baba, estiradas, sin contenido. Recuerdo que un compañero largó: -lo mataron-. Yo sé porque creía eso, lo se muy bien.
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El entusiasmo se había hecho torta contra el suelo y había un extraño dolor, medio inexplicable. Por un lado era íntimo e intenso, por el otro lejano y no encontraba su cauce de expresión.A medida que iba a las casas mágicas de por ahí, el dolor cobraba identidad, por cada historia, por cada cacho de palabra (porque algunas eran cacho de palabras). Y comenzaba a inflarse el dolor. Yo moqueaba, luego me reía y más luego seguía moqueando. Hasta ese entonces ninguna plaza, ninguna Cristina. Hasta ese entonces era hacer el trabajo lo mejor posible y hacerlo por él (esa era nuestra misión). Descubrí que la identidad del dolor tenía que ver sencillamente con la paternidad de un pueblo, lo ví, lo escuché, lo sentí claramente. Era fuerte el dolor porque era de todos y todos éramos muchos.
En un momento cuando llegué a la plaza ví que éramos un mar loco, no éramos tres gatos. Y fue la primera vez que experimente el dolor de un pueblo. Y sucedía una unión tan fuerte que no se explica, pero ni en pedo se explica, incluso no se ve en ninguna foto ni video. Era simplemente la energía que había ahí. Y recuerdo de encontrarme con mucha gente, fundirme en un abrazo y llorar y temer. Temíamos, íntimamente, temíamos pero no decíamos nada. Luego la mamá leona nos demostró que no había por qué temer “el miedo sólo sirve para perderlo todo”. Por nosotros y por el proyecto nacional y popular iba a dar su corazón. A partir de ahí algo pasó, algo parió la Argentina, un vínculo tan fuerte y amoroso como el de aquellos tiempos con Perón y Evita.
ELLA
Y yo la escucho y la veo y me emociona y me fijo si está triste o preocupada o feliz, me río si dice algo ocurrente, me muero de risa cuando es irónica… me fijo como tiene los ojos. Le pregunto a Fede que trabaja en CQC ¿Y? ¿cómo estaba? El me decía el año pasado: -Negra, se baja del escenario y está hecha percha. Ahora, en el discurso la rompe como siempre-. Y yo pensaba en ella, sabía su sacrificio y se lo agradecía.
Y yo la escucho y disimulo un poco la emoción que me da (porque aparte no la puedo describir y tiene que ver con cosas muy íntimas viste). Y yo la veo y me fijo si está triste y si está triste me preocupo (como si fuera mi madre o yo la de ella). Es raro… y no.
ELLOS DOS
Y veo sus fotos, y lo veo a él tan hombre… tan amándola, cómo se miraban, cómo se cuidaban… La foto de cuando ella asume, los dos unidos por el bastón de mando y una mirada tan profunda (de esas que dicen todas las palabras que existen en el mundo). Y siento que ese amor que llevan dentro (porque lo siguen llevando) es el amor que pusieron y seguirán poniendo afuera (que es adentro de todos nosotros). Así es con las personas también: sólo podés sacar lo que tenés adentro lo que buscaste tener sudando la camiseta. Porque el amor es hermoso, sí, pero no es el camino más fácil para sobrevivir en este mundo, al contrario, es el más largo, el más confuso y es el que más trabajo da, a veces el más doloroso. Pero cuando se cree en el amor como único impulso para hacer la vida nuestra ya no podés tomar otra senda más cómoda o elegante. Gracias Néstor por sudar la camiseta en el camino.
Y por supuesto hoy más que nunca ¡Avanti morocha! Sé que tenés los ojitos tristes. Recordá que el dolor gana cualquier batalla (no lo digo yo lo dicen los chinos).