Cacería
No se trata de aprender sino de recordar
Cocodrilo bonaerense
Pulpa y espina
La mudita
YO EXISTO
Con o ser

El silencio de Dios

De repente no puedo escribir.
El silencio de Dios
no se puede representar con estos códigos
mundanos
andrajosos
por momentos.
Se ha callado, no me dicta
Y cuando se calla
me distingo de pequeña, frágil,
ignorante
me sobresalgo por todos lados
a la vista
de todo lo que no quiero que me vea;
como vos que estás en la calle y la violencia,
vos que inventaste como sacarle el miedo a los pibes,
-para que trabajen sin parar, para que vos hagas más guita, para que se mueran-
vos que no me dejas pasar,
vos que sos un manija.
Las acciones comunes ya no tienen ningún sentido
ni los deseos, ni las pasiones.
Y la soledad… no de calor,
la soledad que provoca su silencio
me duele
porque ya no hay nadie más que yo
porque me está dando un espacio
que no puedo ocupar
que no sé
y me vuelvo niña
y salgo y miro al cielo
y le pido
le pido que ni se le ocurra dejarme tirada
porque sino
yo ya no puedo escribir.
La antena de Dios

Carlos era un hombre triste que intentaba bajo todos los medios posibles volverse completamente loco, y así perder de vista a la humanidad -ese cíclope que aplastaba las ideas de propio carácter-. Él quería volverse loco y cuando no lo lograba quería morir.
Intentó muchas cosas, se deshizo de varios niveles de conciencia pero siempre conservó; el orgullo, por haber conseguido lo máximo de sí mismo; el valor, que le significaba poder avanzar solo; y la iluminación, que era el privilegio por ser la antena de Dios. Después perdió casi toda la conciencia, casi toda conexión. Carlos era un hombre excelso tratando de sucumbir y protestar.
Utilizó su ego a su máxima potencia, consumió drogas para eso. Sabía que el ego era lo único que lo podía volver un personaje verdaderamente desagradable y demente. Mas el ego jamás se lo comió y la inocencia la mantuvo intacta. Tiene la sabiduría de un adulto y la claridad de un niño.
Sus pensamientos, su espíritu y sus palabras, hoy conviven en una voz que por momentos se quiebra o se queda en silencio -como si tuviera que ordenar la cantidad de información y sentimientos que están siendo estimulados-. Carlos es un sobreviviente de la guerra, de la peor guerra de todos los tiempos.
Cuando le preguntaron qué le hizo conservar la conciencia (después de tantos años de estar al límite de la locura) inmediatamente respondió: el amor.
Y ya no quiero hablar de Carlos porque aún no he inventado las palabras que se ordenen con él. Ahora entiendo por qué no le temía a Carlos de chica, no le temía por que a pesar de su vida tempestuosa y errada él era el que Dios había elegido cómo antena.
Rueda solo

Debes recuperarme
a como de lugar
a como quede el lugar.
Habitaciones de la psique
en donde dormir se hace aterrador
ese lugar en el que te encierras
con el candado y la llave adentro.
¿Cuándo te dejarás salir?
Belleza deambulante.
¿No recuerdas cómo te abrían paso los trigos?
¿no recuerdas ya las manos que tenías de pequeña,
ni la inocencia que has repartido desde adentro?
¿no recuerdas los puros sentimientos como espuma?
que nadie ha olvidado,
sin embargo,
sin embargo tú…
lo olvidas y te encierras en la habitación.
Tu tienes la hermosura dispuesta
has amado desde que naciste.
¿No recuerdas como tus besos de pana vestían a los hombres?
¿no recuerdas cómo perdonas?
Tu has combatido toda tu vida
tu has combatido al depredador,
al interno, al externo
al miedo, a la oligarquía,
a la petulancia.
Una vez golpeaste a uno
¿te olvidas?
fue hermoso verte desde acá.
Deja de luchar
se como el azúcar negra
¡derrítete!
disuélvete en el agua
en la tibieza de un segundo
deja tu cuerpo desvanecerse
deja tu cuerpo descansar.
desaparece frente a los demás
que sólo quede tu dulce gusto.
Ocupa el único lugar vacío que te queda
¡Se cómo el azúcar negra!
Nadie puede tomar
ni destrozar
una sensación.
¡Se una sensación!
y sal de ese cuarto
terminarás muriendo
o tomando psicofármacos.
Tú eres un nutriente
madre universal
darás nacimiento
a las obras, a las plantas,
a los niños.
Eres una belleza deambulante
deambula por mi mundo entonces,
Deambula hasta encontrarme.
Vean Libro de Mundo Aquilante
Bajar el cielo

Tengo una pinza de depilar en mi mano, es de industria alemana. Pienso que es rarísimo tener en la mano algo que hizo alguien que vive tan lejos. Pienso que quizá el hombre que metió mano en la pinza tiene mágicamente algo que ver conmigo. Los objetos conectan nuestras vidas o las corrompen. Creo que el alemán y yo deberíamos conocernos, quizá sea una mujer ¿Y qué hay si murió? Me entristece pensar que pudiera estar muerto o muerta. Es probable que su espíritu haya quedado en lo que fabricó. Para mí, fabricar o crear es como bajar el cielo a la tierra.
La pinza desde tan lejos ahora en mi mano… ¿Y cómo llegó a mí? ¿Quién me la dió? porque yo no recuerdo haberla comprado…
Todo esto pienso mientras siento muchísimo dolor.

¡Piu Avanti!
No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.
Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde intrepidez del pavo
que amaina su plumaje al menor ruido.
Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...
Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!
(Almafuerte)
Cíclope

-No te caigas Niní, pues te vas a desarmar- ese fue el consejo de Phillipe.
Las películas sólo sirven para que recuerdes. Todas las historias son las historias de todos. La literatura es absurda e inocente, las películas son crueles. “Las cosas en el mundo material sirven para algo, pero sólo sirven” palabras de Phillipe. El mundo de Niní era un poco más complejo que eso. Phillipe y la concha de su madre.
Niní detesta el servicio pero lo necesita (otros de los verbos que le cagan la existencia a varios desesperados). No hay nada peor que parecerse a la ex de Phillipe. De hecho sí hay algo peor: tener que contener la rabia de Phillipe por no ser exactamente la ex mujer. Encima de soportar la obturación de su desamor debía contener al cíclope de su bronca por no ser la mujer de su vida. Que Phillipe sea un estúpido la convierte a Niní en una sometida al servicio de este megacultural proyecto llamado “Mundo real”. Bienvenida a la miserable experiencia de perder el brío. Su espíritu gallardo había perdido forma y se derretía a cada paso que daba. Sepan que derretirse es un acto turbado.
Niní intento refugiarse en el barquero de la estación Liniers, aquel que fuera padre de su primer hijo, aquel hijo que vivió un mes y catorce días, aquel hijo que se llamaba… no importa. El amor es ese espacio grande, inmenso, coloso, sin paredes, ese espacio que te cobija. El amor es esa mirada que no se despega, esa mirada que trasciende el miedo, el amor es saber que no nos iremos de aquí con las manos vacías.
Por supuesto que Niní se desarmó y se hizo pedazos. Pero ahora es una mujer multiplicada, no está sola, está con todas ellas -ellas que también son Niní-.
(nunca te olvides)
El barquero

Niní estaba con los pies en el agua robusta, salada, revuelta. Su boca estaba hermética hacía ya una semana. Todos creían que se había vuelto autista. Para los desesperados no hay nada peor que no les hables. El mayor consejo que le dieron a Niní se lo dio un Romano llamado Emanuelle: “Nunca creas que eres lo que los demás dicen que eres, pués te estarás equivocando”. A pesar de que era un consejo tenía bastante sentido. La gente suele abrir demasiado la boca y el pensamiento para definirte y después les chupas un cuerno. Niní hermética, en tierras de sal, recordaba a un gran amor, un amor que llevaba dentro. Cuando Niní sentía dolor se iba al mar para poder llorar. Le resultaba placentero llorar frente al mar, de esta manera todo regresaba a su origen.
Niní había tenido un amor que armaba barquitos de papel. Lo conoció en una cafetería de la terminal de Liniers. Él hizo un precioso barco de servilleta para ella, luego sacaron dos pasajes a Mar de Ajó y fueron a lanzar el barquito al mar. Es muy difícil echar a andar un barco de papel en las robustas aguas saladas pero ellos se metieron bien adentro y lo lograron. El Barquero era madera y agua, tenía ojos roble claro y piel sudada. A Niní le encantaba la pancita que llevaba como balcón, pancita que se componía principalmente de asado y vino tinto. Se quedaron con el barquero en Mar de Ajó un mes y luego volvieron a Buenos Aires, pues él debía seguir haciendo barquitos de papel en la cafetería, esa era su misión para ese entonces. Al mes y medio Niní notó que se le había asomado una pancita balcón a ella también, pues estaba engendrando. Al poco tiempo perdió el embarazo y ellos no volvieron a intentarlo. Pasaron dos años, la monotonía y las confusiones comenzaron a tragarse este gran amor. Violentamente, toda la ternura quedo arrasada, tanto que Niní llegó a pensar que los barcos de papel eran una pelotudes bárbara y el barquero llego a creer que Niní no tenía poderes verdaderos. Se perdieron de vista.
Ahora Niní cada vez que puede lo llora desde alguna costa, pues todavía lo sigue amando al igual que el Barquero a ella. Lo que es más admirable del amor es que cuando se transforma se enriquece. Pero a veces en su transformación se hace invisible por un largo tiempo.
Niní estaba con los pies en el agua robusta, salada y revuelta de Santa Teresita. De repente un barquito de papel llega hasta ella. El barco estaba seco y decía: ¿Querés tener una pancita balcón conmigo?
Cliché

No pienso escribir acerca de ti,
ni acerca de lo que todavía no sentí.
No puedo escribir todo lo que me enseñaste,
ni como me conquistaste en momentos de precipicios.
No puedo hablar de cuando como un ángel me decías lo que debía hacer,
ni de cómo me dejabas en chispa con tu humildad.
No voy a contar a todas las personas que representas en mi vida.
Ni sueñes que voy a escribir de cómo convertiste a la música en el hombre,
ni cómo luego de escuchar tus discos afirmé que eras mejor persona que músico.
No voy a escribir de cuando me mimaste piropeando mis sombras,
ni de cuando vos no tenías idea.
No pienso decir hoy que eras un obrero del cosmos,
no escribiré que tu no sabías,
no escribiré que fuiste elegido.
Nada de eso haría en un día como hoy.
Sólo puedo respirar y percibir con todo mi cuerpo
observar, leer, escuchar
todo lo que el cosmos logró a través tuyo
Sólo puedo respirar y sentir que hiciste un espléndido trabajo
Sólo puedo sentir que si bien no eres nuestro padre
algo has cuidado,
algo muy importante.
Y no te agradezco más porque me parece un cliché
que quiere decir “lugar común”
que es seguramente donde hay más gente
que es seguramente donde hay más amor
que es seguramente tu lugar.
L´Hermite

¿Hay alguien ahí? El ermitaño pregunta desde cualquier reflejo posible. Es preferible no escaparle al encuentro con el ermitaño, pero es casi imposible no desesperar ante su presencia, entonces me refugio en el Unicenter para perderlo de vista.
Mirame, yo estoy con vos para saber quién soy yo. Definí mis límites, describime lo mejor posible ¿Cómo se siente tocarme u olerme? Necesito saber quién soy. Los demás están conmigo por lo mismo. El ermitaño me mira tiernamente pero no accede a mis pedidos. No se acerca, sólo me mira tiernamente.
Yo, en el Unicenter, rodeada de ruidos desesperados. El ermitaño que parece venir a hacerle una cruel pregunta a la humanidad ¿Y qué hay si en verdad no hay nadie aquí? Si ya nos hemos extinguido… ¿Y qué si el hombre ya no está aquí? Y qué si ya lo arruinó todo. Este anciano viene a convencernos de que ya hemos perecido hace mucho tiempo por más que sigamos andando. Quizá seamos como las estrellas que vemos en el cielo, las vemos claro, pero que se han apagado hace mucho tiempo. Quizá la humanidad se cree que existe y el ermitaño viene a anunciar que estamos todos muertos o perdidos –que no es lo mismo pero es igual-.
El ermitaño espera mi respuesta ¿Hay alguien ahí? Él no se convence, él no quiere saber quién soy yo ni tocarme, él quiere saber si verdaderamente soy alguien, si tengo la valentía para serlo. Me aterra coincidir con este tipo y me meto en el Unicenter para perderlo de vista.
Último deseo

Niní ha decidido morir con la mano en el corazón y es por eso que no se la quita del pecho nunca. Esto le genera problemas motrices y complicaciones varias. No puede hacer nada que le implique la utilización de sus dos manos. Jamás se quita la mano del pecho, es que Niní no sabe cuando va a morir.
Lo bueno de esto es que: algunos galancetes la acompañan cargándole las bolsas de las compras; en los gimnasios se libera de hacer abdominales o fuerza de brazo (por una cuestión simétrica), se depila una sola axila, no abraza a nadie, y cuando se encuentra en ciertas dificultades en vez que se la trague la tierra se coloca la otra mano en el pecho y se hace la muertita. Lo mejor de todo es que la gente siempre le cree a Niní todas las cosas que dice, incluso las que son mentiras obvias o alocados inventos, ella siempre comienza sus historias con la conocida y bien ponderada frase “te lo digo con una mano en el corazón” (mientras que con sus ojitos aceituna señala su pecho).
No todo es color de rosa, las ideas que se llevan a la acción producen algunos contratiempos, en el caso de Niní: Pierde bastantes colectivos, no corta los alimentos con cuchillo sino que utiliza sus propios dientes para hacerlo, come empanadas en exceso por su fácil manipulación, no puede conducir automóviles sin chocarlos, no salta a la soga (a no ser que tenga un poste o un árbol cerca), y se le impide la ejecución de algunos instrumentos musicales.
En el sexo una mano menos resulta un problema para los hombres. Siempre hay alguno que se queja y quiere que ella se deshaga de esa “obsesión” (así la han llamado varios irrespetuosos). Muchos la quieren convencer de que no es posible morir durante el acto sexual. Una gran mentira, ya que es muy probable morir en medio de un coito, sobretodo si al mamerto se le ocurre realizar posiciones de riesgo como la de “la suricata en el ventilador”. Por este motivo Niní decide –luego de varios hechos bochornosos- no tener sexo con ningún hombre que la induzca a quitarse la mano del corazón.
La vida de Niní podría cambiar si alguien le predijera el día de su muerte, pero como eso no ha sucedido aún, ella mantiene la palma en el pecho bien cerquita de eso que late.
No hacer más

Tranquila
ahora puedes ser la resistencia
Ahora puedes dedicarte a lo que eres
Una mujer sentada en la silla de un bar
Ansiosa por terminar su jugo y poder irse,
porque te vas a todos los sitios,
porque te quedas en tu casa.
Ahora puedes dedicarte a no ser nada
No eres más el intento de una cosa
No eres lo incierto que promete una maravilla
No eres el cretino misterio
Ni una mañana, ni una noche
Ni unos ojos.
No eres no ni sí
No eres ganas de
Ni la música
No eres la condena de la belleza
No eres más que una mujer en una silla ansiosa por terminar su jugo.
Ahora puedes dedicarte a ser esa circunstancia tan horrible
Ahora puedes ser la ausencia
Y la decadencia
Ahora puedes ser las excusas sin que éstas te importen tres pitos
Puedes ser la que piensa mal o se enoja demasiado
Puedes serlo si no quieres incluso.
Puedes ser la imperfección caminando y la que pide algo
La complicada flor del campo,
Puedes ser la que no alcanza
y la que lo es todo.
Ahora puedo dedicarme a ser esa mujer
la que no seduce, la que no le gusta.
La que se ha formado en los oscuros recovecos de los otros
la que se ha formado a sí misma desde su centro.
¡Hosana! estar sentada en una silla
¡Hosana! tomar jugo
¡Hosana! querer irme
De lo que nunca he creído
¡Hosana! no tener que embellecer nada
Ni tocar mi mandolina frente a ti
Frente a ti nunca más mandolina
¡Hosana!Época de la papa

Para Niní el paso del tiempo…para Niní acelga con salsa blanca y dos huevos duros en el medio. Esto es para ella como el pastel de papa para casi todos los demás. No jodamos con la papa que ha salvado vidas en épocas de guerra pero en lugares muy lejanos. La papa es el símbolo de la rutina alimenticia y claramente está sobrevaluada. La papa es una hortaliza que no cuesta nada conseguir, por lo tanto es aburrida para la mayoría de los desesperados. Lo peor es que éstos hipócritas le hacen culto a esta hortaliza. Niní prefiere la acelga con salsa blanca y dos huevos duros en el medio, Niní prefiere a su madre.
La comida es un gran referente del paso del tiempo por varias cuestiones: Una, porque se echa a perder (como los seres humanos). Por ejemplo: cuando abrís la heladera y te encontrás con un cacho de queso de color verde (que no es roquefort) envuelto en un pedazo de plástico transparente, te podría decir que estás en problemas. La dejadez ha llegado a tu heladera (el artefacto más útil de la casa). Mario se estaba echando a perder como si fuera un atado de cigarrillos vacío en el tacho de la basura. Hay dos datos horribles que corroboran el carácter miserable de un atado de puchos vacío: El primero es que está vacío, o sea que te fumaste todos los cigarros, o sea que es probable que a la larga te provoques un enfisema pulmonar. El segundo dato que expone la miseria del paquete es el mismo dato anterior: repito, está vacío ¡está vacío! y vos estás con una ansiedad grandiosa y ya no tienes esas vergas para engañar las puteces de tu alma. Mario era tan miserable como un paquete de puchos vacío tirado en la basura, era una mala noticia por donde lo mires.
Niní gustaba de la acelga con salsa blanca y dos huevos duros en el medio. Se necesita perseverancia, se necesita perseverancia. No le hables a Niní de la papa, no le hables a Niní de los paquetes de puchos vacíos, ni de Mario que es un ser que no limpia su heladera o lo que es peor no come la comida.
mujer cabeza

Niní es un alma frágil que necesita de los nuevos descubrimientos y de los milagros. En esta ocasión Niní descubrió cómo ver las estrellas. Esto fue logrado mediante una fuerte inflamación en el trígemino (no pienso desarrollar la palabra trigémino pero es algo que cuando se inflama duele sobremanera y produce este gran milagro: ver las estrellas bien de cerca).
Hay dos formas de tomarse los asuntos desafortunados: La primera es preguntarse ¿por qué a mí? (ésta es la más común y conveniente), y la segunda es capitalizar el problema (“capitalizar” figura en el ranking número cinco de los verbos más detestables del mundo de la palabra, pero como el trigémino no le tuvo respeto a Niní yo tampoco se lo voy a tener a una oración).
Aparte de ver las estrellas Niní aprendíó que la inflamación siempre le avisaba cuando el pasado aparecía con ansias de derrumbar su presente.
Pasaron muchas cosas y tiempo, mas finalmente, Niní capitalizó el asunto y no sólo que se dedico a descubrir constelaciones sino que aprendió a levantar la ruina del presente. Todo gracias al trigémino (que es una palabra que no pienso desarrollar).
Cada vez me cae mejor esta mujer.
La india del Rock
Ayer me pasaron este video y me puse a recordar tanto… quién era yo en ese entonces; quién era yo cuando soñaba la posibilidad de poder vivir en otro lugar (estaba enamorada de Praga), quién era yo cuando soñaba andar por la vida con un vestido largo azul…
Cantaba a los alaridos este tema y la iba a ver tocar a canal siete. Victoria me había conseguido un autógrafo de ella y yo lo tenía enmarcadito y pegado en mi pieza como si fuera un tesoro.
La adolescencia es el tiempo de la desesperación por excelencia. Salís al mundo de afuera y buscás a alguien que se parezca a vos, es lo único que haces las veinticuatro horas del día. Yo encontré a María Gabriela, ella era yo y quién yo quería ser. Luego me sucedió lo peor que le puede suceder a un ser humano: crecí, y ahora yo soy parámetro para algunas adolescentes de la familia. Yo les digo que imiten a Pampita o las de casi ángeles, pero ella me quieren y me imitan a mí.
Cuando Epúmer se murió lloré mucho. Cuando se fue se llevó el vestido azul, los borcegos, la ropa oscura, y las visitas a la casa de Charly… Se llevó casi todo lo que tenía en esa época. Pensé: ¡Qué suerte que ya no me parezco tanto a ella! Yo no me quiero morir. Y ahí dejé todo.
Época de nutrición

Los patos vuelan bajo y pueden ver claramente a una humanidad de extraviados.
La mujer se encuentra en el centro real siendo el eje del movimiento de todo lo que acontece. Y el movimiento acontece rápido, pues todo le pertenece al tiempo inevitable que no descansa. Niní no olvidó jamás lo que le dijo el marsellés: “No se puede controlar lo que no descansa”.
Lo que hace muy bien Niní es contemplar los patos aquellos, esas bestias aladas que vuelan bajo y están libradas de ser útiles, quizá la mayor libertad que un ser de esta tierra pueda gozar.
Se despertó en el agreste y dio gracias por su paz. A la mitad del día tomó su rifle y le disparó a uno de los patos. Nada puede definir a las especies, finalmente ese pato fue desprevenidamente útil, alimentó a Niní quién con humildad y sintiendo el claustro que siente un depredador prendió un fuego.
Niní ya no se pregunta: ¿Quién soy? sino más bien ¿Quiénes son todos estos?
A los patos les conviene volar alto porque si van bajo se corrompen.
Depredador

Incluso siendo otoño, la época de las pérdidas por demás, Niní comenzó a coquetear con los lugares de los que ya no se vuelve.
Niní siempre fue una mujer expeditiva, la conozco desde que vivía en la avenida Juan B. Justo. Pasaba los días metida en su departamento investigando las plantas del patio. Amaba los muzgos, esos eran los más difíciles. Siempre apostó fuerte, casi siempre perdió fuerte. Ella prefería poder contarle algo nuevo a su padre en vez de estar llevando una vida normal llena de relaciones, tuco y colores combinables. Era expeditiva, quizá demasiado. Una vez descubierta la cosa que investigaba, Niní sentía un gran vacío, quizá como el espacio que hay entre la rueda y el eje, quizá como el espacio que hace que algo cumpla su función. El peor momento es el más esperado, decía su padre.
No es bueno estar bajo control en otoño. Otoño es una estación para dedicarse a perder. Eso es lo que hizo Niní en el tiempo de las hojas. Perdió la forma de definir su historia, perdió datos importantísimos acerca del dolor, perdió la oportunidad de contar secretos, perdió el encuentro con su verdadero amor en un supermercado chino, y, lo peor de todo, es que se quitó lo que era de ella (algo así como robarse a uno mismo, una verdadera canallada).
Deseo
El príncipe


Mariposas

Dos mamarrachas de buena fe
caminan con una pata arriba
por gusto nomás
y para no marcar el mineral.
La inminencia del barro
se escribe,
y aunque no se entiendan las palabras
no están para eso
las palabras
están para otra cosa
como las mariposas
-que no sabemos bien para qué están-
Aletean arrollando el buen sabor
el buen saber del acuerdo.
Y si es invierno en las cuevas de los ojos
vuelan igual,
y si es verano en las entrepiernas del camino sagrado
vuelan
y si caen sus dermis disecadas al pavimento de la tierra
vuelan soplándose la una a la otra
y el día que hay flores en el mercado de la música
sobrevuelan
que es lo mismo que volar
pero detenido.







