Cacería






Por amor
la desesperación
Por amor
el ímpetu de recordar quién uno es,
sino más bien si uno es alguien.
El apuro por fundirse
por evitar al Mundo
quizá en una mirada
podemos dejar de ver.
Es la mano que tomará tu muerte
quizá, sobrevaluado
el amor
inconfundible,
inevitable,
impiadoso.
Hace tantas eras que no lo sentimos
nos han desamorado tanto…
El tiempo
¿en qué nos ha convertido?
El amor
una mirada
verde
que está ahí
escondida detrás del libustro
acechando
diciendo bajito cuando pasas:
Yo soy el amor.
Uno lo persigue
lo persigue como si niño.
El amor
no es más que esa cacería temerosa
a unos ojos
que te miran
y te pueden ver.

Después sólo resta
hacerse una mujer,
un hombre de bien
plena,
pleno,
después sólo resta recuperar la vista.





No se trata de aprender sino de recordar




Toda vida comienza con el llanto aglutinado y aterrorizante del nacimiento –quizá el llanto más importante de la existencia del Hombre-. De ahí en más, recolectar una gran cantidad de información que te va a servir para aprender a nivel físico, cognitivo, y luego intelectual. Uno aprende salvajemente a caminar; a hablar, a reconocer, a reconocerse, a comer, a entender, a leer… Y así se mantiene erguidito en la Tierra como álamo pampeano, siempre mirando al sol, siempre tratando de hacer la menor sombra posible, siempre plateado por las noches.
En mi vida he aprendido mucho, pero también he recordado… Yo no aprendí a amar, yo recordé cómo se hacía; yo no aprendí a escribir, yo recordé nomás.
Las teclas de la remington de Silvia le quedaban enormes a los deditos de cinco años, que sin temor alguno, percutían el aire en la oficina de dirección del jardín Santa Marta. Silvia se dispuso a enseñarme a escribir mi nombre. Al principio me resultó tremendo esfuerzo pero luego de expresar mi identidad a los golpes rústicos de la máquina, comencé a escribir todas las palabras que decía con frecuencia como: mamá (escribía sin acentos, eso sí), papá, jardín… No era sencillo reconocer la jota, pero yo lo hacía perfectamente, Silvia me dictaba y yo elegía los sonidos; las notas musicales de las letras, que luego fueron para mí  las notas musicales de mi vida.
El ritmo, el ruido del alma cambió con los años. Cuando conocí la lapicera de pluma empecé a escribir susurrando, acariciando rasposamente las hojas porosas de Rivadavia. De adolescente me compré una máquina de escribir en una feria de usados y volví a hacer un gran quilombo pariendo personajes extraños –no para mí, para mí eran conocidos, viejos amigos-. En mi adolescencia escribir comenzó a ser una fiesta. Y yo sólo lo hacía, no lo pensaba, sólo escribía como cuando tenía cinco años. Nunca disfruté tanto la sencillez que implica saber hacer algo “porque sí”. Descubrí entrada ya mi juventud que yo no había aprendido a escribir sino que había recordado cómo se hacía. Descubrí que era la antena de “un coso” o un Dios cuando lo hacía; descubrí (y repito descubrir porque es un verbo hermoso y real) que era el único quehacer que no me juzgaba con la pesada vara del ego, de las metas y de la profesión. Escribir era mío; yo lo había conquistado, me pertenecía y nadie podía quitarme ni por asomo este oficio que todavía no iba a ningún lado, tan sólo se quedaba cerca de mi corazón haciéndome sobrevivir las mugres del mundo que tanto me atemorizaban de pequeña.
Luego me dispuse a contemplar la parte luminosa de la Tierra y me fijé que era preciosa, amorosa, sensible y mágica –también escribí todo esto-. Imprimí estas luces en las hojas para que ningún coterráneo se olvide. Imprimí también para no ser olvidada, porque no hay nada peor que desaparecer.
Yo sabía de piba… sabía que la remington me funcionaba como tambor al mundo y repicando abrazaba al Hombre, repicando hacía ruido y de repente comencé a darme cuenta que la gente notaba mi existencia y mi presencia. Porque existir es respirar, pero estar presente es estar vivo. Yo vivía cuando golpeaba la máquina. Golpeaba algo que me golpeaba a mí desde los huesos -que son la memoria que no vamos a terminar de recordar nunca-. Yo estaba viva.
Ahora agradezco a los dioses de todos los barrios; de todas las aguas, de todos los Hombres, el poder haber recordado este oficio tan maravilloso, este oficio que me mantiene como álamo (como el de Conti quizá…). Yo le agradezco a mis huesos y a mis manos de cinco años, puras e inteligentes.
Vos ¿Qué querés recordar cuando seas grande? ¿Qué hacías en algún otro lado cuando no eras persona? ¿Cómo nutrías al mundo? ¿Cómo le devolvías a la tierra lo que te había ofrecido? ¿Cuál era tu manera de amar al Hombre? ¿Cuál es tu don?





Cocodrilo bonaerense



 (imágen tomada de internet animalesgraciosos.info)

Mi maestra de matemáticas me explicó que el signo de mayor y menor era la boca de un cocodrilo que estaba siempre abierta para comerse al número más grande. Fue una buena manera de explicarlo creo, siempre uno quiere comerse al número más grande. Uno no prefiere lo que necesita, sino más bien, lo que quiere. Apañamos nuestros caprichos y pasiones mundanas. Yo soy el 565, me comí a mi misma a razón de quinientos gramos por semana. Lo hice porque sí, porque el depredador venció al héroe que hay en mí y en Papo.
Las matemáticas pueden ser muy peligrosas, todo lo que sea exacto es peligroso. Acaba con la imaginación de los niños, las ilusiones de los adolescentes y los sueños de todos los demás. No hay lugar en lo exacto, no hay lugar. Y el cocodrilo siempre se come lo más abultado, se lo come desesperado, porque piensa que después no va a haber más.
Yo quedé, la mitad, pero quedé. Sorteé grandes luchas internas, des-configuraciones completas, bestias incontrolables. Compliqué mi salud mental, física y espiritual. Me asusté, me asusté muchísimo. Sentí cosas que antes no había sentido, cosas del submundo.
En el submundo habitan los documentos de todas nuestras vidas; nuestros traumas, nuestros dolores, nuestros karmas, todo lo que el cerebro impide que recuerdes o que profundices. En el submundo está todo lo que no se nombra (porque no tiene nombre). Ahí no se puede definir la historia de nadie, ahí sólo se siente como si estuvieras en una montaña rusa enorme. En el submundo es donde éste signo matemático comienza a deglutir (<). Parece indefenso pero es un monstruo, ¡Sos un monstruo signo!
Ahora me encuentro en el período de la nutrición. Me alimento con puras vitaminas y fibras. Tomo jugos naturales, maka en polvo… Intento recuperar la energía física. Porque cuando volvés del submundo hacé de cuenta que volviste de una buena cagada a trompadas. Tu cuerpo está débil, se vence la voluntad y perdés la fé. Me alimento contemplando, observo todo detenidamente como si nunca antes lo hubiera visto, me detengo y encuentro sorpresa. La sorpresa y la inocencia es el plato favorito de la fé. Duermo todo lo que puedo, mi cuerpo necesita soñar y apagarse.
La herida más seria es una inflamación en el trigémino, pero el dolor es lo único que me puede hacer ver las estrellas, así que lo acepto, lo tomo y lo sano con mucha paciencia.
La única secuela visible de haberme comido a mi misma es que quedé la mitad, pero la mitad de todo y eso no es tan malo, soy la mitad de pelotuda que era antes, la mitad de egoísta, la mitad de superficial, la mitad de cobarde.
¡Váyase de viaje por el submundo y crezca de una vez!



Pulpa y espina






Las espinas y el tejido pulposo te permitirán vivir los períodos de sequía.
Destino se dedicaba a multiplicar cactus para cuando los hombres tuvieran angustias y dolores. Él sabía que el hombre funciona por comparación, el hombre imita los movimientos de la naturaleza. Imitar a un cactus es aprender a sobrevivir en la ciudad de los Jontas.
Destino ha llegado a sacar cuatrocientos cinco hijos de un sólo cactus padre. Esos pequeños cactus fueron distribuidos por todo Pacheco. Gracias a Destino los pachequeros saben combatir la adversidad de los tiempos sin agua  -igual que vos-.
Nos hemos convertido en pulpa y espina para sobrevivir, viviremos cuando quedemos ya sin cuerpo.




La mudita





A veces no hablo, no contesto, me hago la sorda por que no sé qué decir. En verdad uno cree que piensa mucho en lo que dice por temor a lastimar al otro o dejarle una mala impresión, mas estoy convencida que uno se cuida de lo que dice porque el aire de las palabras nos lastiman a nosotros mismos.
Las palabras suenan como música y se desintegran en la psique, se quedan y susurran una canción cada vez que pueden. Están por todos los rincones de nosotros mismos y nos las encontramos de sopetón muchas veces. Es posible que te rasques un codo y de repente comience a sonar un valsecito que desde el alma te baldea de emociones y quedas tonto sin saber qué pasa, como si te hubieras desmayado. Pasa que en ese rincón estaban las palabras que tienen aire y suenan.
A veces hablo mucho para imprimir en el mundo, en el hombre, alguna música que quede, que quede en la tierra de algún cuerpo para siempre. Es una actitud desesperada y egoísta pero eso de saber que estás en los rincones de los otros te quita un poco de soledad. Otras veces, cuando mi conciencia se eleva, me callo, miro y elijo una sola palabra, una sola, incluso puedo elegir en qué rincón de tu cuerpo se va a imprimir para siempre. Y cuando nazcas otra vez, sacando las patitas al mundo, muerto de miedo, vas a salir gritando eso que te dejé en el ventrículo izquierdo de tu vida pasada.
A veces no contesto, a veces hablo sin parar y sin sentido, pero a veces… a veces te puedo decir algo.



YO EXISTO




Niní a veces se conforma con lo que parece, para no tener que lidiar con la verdad. A veces también prefiere ser invisible para no tener que ser vista por las porquerías del mundo. No es negocio conformarse con menos ni tampoco lo es ser invisible. Tomó una tijera enorme y podó el cerco. Decidió vestirse de fucsia (un color verdaderamente feo pero advertido por cualquiera). Cuando digo tijera enorme me refiero a una tijera de tamaño sideral con la que logró cortar, aparte del cerco, muchas lanas viejas y telarañas que la unían a algo que no era cierto. Enserio, la tijera era grande y el color fucsia era muy brillante. Enserio, uno quiere lo que da y que las plantas no se vayan en vicio.




Con o ser




Niní piensa cosas absurdas para distraerse, para distraerse de la ignorancia.
Sorpresa, tener sorpresa por las cosas es maravilloso; El fiambrín es salame con queso, Emilio Disi es un hombre profundamente triste, el pelo más bonito del mundo lo tiene el hombre más feo del mundo, el miedo afecta la estructura de nuestro ADN, el planeta tierra tiene chakras y ninguno de esos chakras se encuentra en Sudamérica ¿Por qué?, la ciencia y la espiritualidad viven juntos en casas separadas, reproducir un helecho no es tan sencillo como creía Isabel, una buena tarta de verdura lleva cuatro huevos como mínimo, la música de Elton John puede hacer que alguien recupere la fé, las sirenas de las alarmas pueden generarle un paro cardíaco a alguien, hay un tipo de apellido Shuman que sabe medir la frecuencia del amor en megahertz -pero no puede sentir el amor sólo puede medirlo-, la coreografía eterna de la muerte es un schotis –que es un baile parecido al chamamé pero con las patas más arrastradas-, la ola lenta del miedo producirá mutaciones en la especie -dentro de cincuenta años tendremos un solo ojo-. Niní no sabía todo esto, “el conocimiento nos hace responsables” responsables y menos ignorantes -como si fuera esto a salvarnos del diluvio universal o algo así-.





El silencio de Dios



(imágen tomada de internet)



De repente no puedo escribir.

El silencio de Dios

no se puede representar con estos códigos

mundanos

andrajosos

por momentos.

Se ha callado, no me dicta

Y cuando se calla

me distingo de pequeña, frágil,

ignorante

me sobresalgo por todos lados

a la vista

de todo lo que no quiero que me vea;

como vos que estás en la calle y la violencia,

vos que inventaste como sacarle el miedo a los pibes,

-para que trabajen sin parar, para que vos hagas más guita, para que se mueran-

vos que no me dejas pasar,

vos que sos un manija.

Las acciones comunes ya no tienen ningún sentido

ni los deseos, ni las pasiones.

Y la soledad… no de calor,

la soledad que provoca su silencio

me duele

porque ya no hay nadie más que yo

porque me está dando un espacio

que no puedo ocupar

que no sé

y me vuelvo niña

y salgo y miro al cielo

y le pido

le pido que ni se le ocurra dejarme tirada

porque sino

yo ya no puedo escribir.




La antena de Dios




Carlos era un hombre triste que intentaba bajo todos los medios posibles volverse completamente loco, y así perder de vista a la humanidad -ese cíclope que aplastaba las ideas de propio carácter-. Él quería volverse loco y cuando no lo lograba quería morir.

Intentó muchas cosas, se deshizo de varios niveles de conciencia pero siempre conservó; el orgullo, por haber conseguido lo máximo de sí mismo; el valor, que le significaba poder avanzar solo; y la iluminación, que era el privilegio por ser la antena de Dios. Después perdió casi toda la conciencia, casi toda conexión. Carlos era un hombre excelso tratando de sucumbir y protestar.

Utilizó su ego a su máxima potencia, consumió drogas para eso. Sabía que el ego era lo único que lo podía volver un personaje verdaderamente desagradable y demente. Mas el ego jamás se lo comió y la inocencia la mantuvo intacta. Tiene la sabiduría de un adulto y la claridad de un niño.

Sus pensamientos, su espíritu y sus palabras, hoy conviven en una voz que por momentos se quiebra o se queda en silencio -como si tuviera que ordenar la cantidad de información y sentimientos que están siendo estimulados-. Carlos es un sobreviviente de la guerra, de la peor guerra de todos los tiempos.

Cuando le preguntaron qué le hizo conservar la conciencia (después de tantos años de estar al límite de la locura) inmediatamente respondió: el amor.

Y ya no quiero hablar de Carlos porque aún no he inventado las palabras que se ordenen con él. Ahora entiendo por qué no le temía a Carlos de chica, no le temía por que a pesar de su vida tempestuosa y errada él era el que Dios había elegido cómo antena.




Rueda solo



(camina, camina, camina)




Debes recuperarme

a como de lugar

a como quede el lugar.

Habitaciones de la psique

en donde dormir se hace aterrador

ese lugar en el que te encierras

con el candado y la llave adentro.

¿Cuándo te dejarás salir?

Belleza deambulante.

¿No recuerdas cómo te abrían paso los trigos?

¿no recuerdas ya las manos que tenías de pequeña,

ni la inocencia que has repartido desde adentro?

¿no recuerdas los puros sentimientos como espuma?

que nadie ha olvidado,

sin embargo,

sin embargo tú…

lo olvidas y te encierras en la habitación.

Tu tienes la hermosura dispuesta

has amado desde que naciste.

¿No recuerdas como tus besos de pana vestían a los hombres?

¿no recuerdas cómo perdonas?

Tu has combatido toda tu vida

tu has combatido al depredador,

al interno, al externo

al miedo, a la oligarquía,

a la petulancia.

Una vez golpeaste a uno

¿te olvidas?

fue hermoso verte desde acá.

Deja de luchar

se como el azúcar negra

¡derrítete!

disuélvete en el agua

en la tibieza de un segundo

deja tu cuerpo desvanecerse

deja tu cuerpo descansar.

desaparece frente a los demás

que sólo quede tu dulce gusto.

Ocupa el único lugar vacío que te queda

¡Se cómo el azúcar negra!

Nadie puede tomar

ni destrozar

una sensación.

¡Se una sensación!

y sal de ese cuarto

terminarás muriendo

o tomando psicofármacos.

Tú eres un nutriente

madre universal

darás nacimiento

a las obras, a las plantas,

a los niños.

Eres una belleza deambulante

deambula por mi mundo entonces,

Deambula hasta encontrarme.




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Bajar el cielo



(Foto Patricio Bonfante)


Tengo una pinza de depilar en mi mano, es de industria alemana. Pienso que es rarísimo tener en la mano algo que hizo alguien que vive tan lejos. Pienso que quizá el hombre que metió mano en la pinza tiene mágicamente algo que ver conmigo. Los objetos conectan nuestras vidas o las corrompen. Creo que el alemán y yo deberíamos conocernos, quizá sea una mujer ¿Y qué hay si murió? Me entristece pensar que pudiera estar muerto o muerta. Es probable que su espíritu haya quedado en lo que fabricó. Para mí, fabricar o crear es como bajar el cielo a la tierra.

La pinza desde tan lejos ahora en mi mano… ¿Y cómo llegó a mí? ¿Quién me la dió? porque yo no recuerdo haberla comprado…

Todo esto pienso mientras siento muchísimo dolor.





(Foto: Jen Arocha)


Desde el temblor que produce la nostalgia se derrama este poema que es el que me ha acompañado durante mucho tiempo. Almafuerte siempre fue sagrado para mí, Palacios siempre me pareció más que poesía.

Y compruebo cada día,
en cada ola que amanece
que este poema crece y crece...
crece dentro de este alma mía.
Oda a la rabia, canto de furia.
Amigate con tus sombras,
mujer de rayo,
apunta
y dispara.



¡Piu Avanti!

No te des por vencido, ni aun vencido,
no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y arremete feroz, ya mal herido.


Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
no la cobarde intrepidez del pavo
que amaina su plumaje al menor ruido.


Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora...


Que muerda y vocifere vengadora,
ya rodando en el polvo, tu cabeza!



(Almafuerte)




Cíclope





-No te caigas Niní, pues te vas a desarmar- ese fue el consejo de Phillipe.

Las películas sólo sirven para que recuerdes. Todas las historias son las historias de todos. La literatura es absurda e inocente, las películas son crueles. “Las cosas en el mundo material sirven para algo, pero sólo sirven” palabras de Phillipe. El mundo de Niní era un poco más complejo que eso. Phillipe y la concha de su madre.

Niní detesta el servicio pero lo necesita (otros de los verbos que le cagan la existencia a varios desesperados). No hay nada peor que parecerse a la ex de Phillipe. De hecho sí hay algo peor: tener que contener la rabia de Phillipe por no ser exactamente la ex mujer. Encima de soportar la obturación de su desamor debía contener al cíclope de su bronca por no ser la mujer de su vida. Que Phillipe sea un estúpido la convierte a Niní en una sometida al servicio de este megacultural proyecto llamado “Mundo real”. Bienvenida a la miserable experiencia de perder el brío. Su espíritu gallardo había perdido forma y se derretía a cada paso que daba. Sepan que derretirse es un acto turbado.

Niní intento refugiarse en el barquero de la estación Liniers, aquel que fuera padre de su primer hijo, aquel hijo que vivió un mes y catorce días, aquel hijo que se llamaba… no importa. El amor es ese espacio grande, inmenso, coloso, sin paredes, ese espacio que te cobija. El amor es esa mirada que no se despega, esa mirada que trasciende el miedo, el amor es saber que no nos iremos de aquí con las manos vacías.

Por supuesto que Niní se desarmó y se hizo pedazos. Pero ahora es una mujer multiplicada, no está sola, está con todas ellas -ellas que también son Niní-.


(nunca te olvides)


El barquero



(foto tomada de lahuida.blogspot.com)



Niní estaba con los pies en el agua robusta, salada, revuelta. Su boca estaba hermética hacía ya una semana. Todos creían que se había vuelto autista. Para los desesperados no hay nada peor que no les hables. El mayor consejo que le dieron a Niní se lo dio un Romano llamado Emanuelle: “Nunca creas que eres lo que los demás dicen que eres, pués te estarás equivocando”. A pesar de que era un consejo tenía bastante sentido. La gente suele abrir demasiado la boca y el pensamiento para definirte y después les chupas un cuerno. Niní hermética, en tierras de sal, recordaba a un gran amor, un amor que llevaba dentro. Cuando Niní sentía dolor se iba al mar para poder llorar. Le resultaba placentero llorar frente al mar, de esta manera todo regresaba a su origen.

Niní había tenido un amor que armaba barquitos de papel. Lo conoció en una cafetería de la terminal de Liniers. Él hizo un precioso barco de servilleta para ella, luego sacaron dos pasajes a Mar de Ajó y fueron a lanzar el barquito al mar. Es muy difícil echar a andar un barco de papel en las robustas aguas saladas pero ellos se metieron bien adentro y lo lograron. El Barquero era madera y agua, tenía ojos roble claro y piel sudada. A Niní le encantaba la pancita que llevaba como balcón, pancita que se componía principalmente de asado y vino tinto. Se quedaron con el barquero en Mar de Ajó un mes y luego volvieron a Buenos Aires, pues él debía seguir haciendo barquitos de papel en la cafetería, esa era su misión para ese entonces. Al mes y medio Niní notó que se le había asomado una pancita balcón a ella también, pues estaba engendrando. Al poco tiempo perdió el embarazo y ellos no volvieron a intentarlo. Pasaron dos años, la monotonía y las confusiones comenzaron a tragarse este gran amor. Violentamente, toda la ternura quedo arrasada, tanto que Niní llegó a pensar que los barcos de papel eran una pelotudes bárbara y el barquero llego a creer que Niní no tenía poderes verdaderos. Se perdieron de vista.

Ahora Niní cada vez que puede lo llora desde alguna costa, pues todavía lo sigue amando al igual que el Barquero a ella. Lo que es más admirable del amor es que cuando se transforma se enriquece. Pero a veces en su transformación se hace invisible por un largo tiempo.

Niní estaba con los pies en el agua robusta, salada y revuelta de Santa Teresita. De repente un barquito de papel llega hasta ella. El barco estaba seco y decía: ¿Querés tener una pancita balcón conmigo?





Cliché




No pienso escribir acerca de ti,

ni acerca de lo que todavía no sentí.

No puedo escribir todo lo que me enseñaste,

ni como me conquistaste en momentos de precipicios.

No puedo hablar de cuando como un ángel me decías lo que debía hacer,

ni de cómo me dejabas en chispa con tu humildad.

No voy a contar a todas las personas que representas en mi vida.

Ni sueñes que voy a escribir de cómo convertiste a la música en el hombre,

ni cómo luego de escuchar tus discos afirmé que eras mejor persona que músico.

No voy a escribir de cuando me mimaste piropeando mis sombras,

ni de cuando vos no tenías idea.

No pienso decir hoy que eras un obrero del cosmos,

no escribiré que tu no sabías,

no escribiré que fuiste elegido.

Nada de eso haría en un día como hoy.

Sólo puedo respirar y percibir con todo mi cuerpo

observar, leer, escuchar

todo lo que el cosmos logró a través tuyo

Sólo puedo respirar y sentir que hiciste un espléndido trabajo

Sólo puedo sentir que si bien no eres nuestro padre

algo has cuidado,

algo muy importante.


Y no te agradezco más porque me parece un cliché

que quiere decir “lugar común”

que es seguramente donde hay más gente

que es seguramente donde hay más amor

que es seguramente tu lugar.





Nada más...

Me has resucitado muchas veces, gracias...

L´Hermite



¿Hay alguien ahí? El ermitaño pregunta desde cualquier reflejo posible. Es preferible no escaparle al encuentro con el ermitaño, pero es casi imposible no desesperar ante su presencia, entonces me refugio en el Unicenter para perderlo de vista.

Mirame, yo estoy con vos para saber quién soy yo. Definí mis límites, describime lo mejor posible ¿Cómo se siente tocarme u olerme? Necesito saber quién soy. Los demás están conmigo por lo mismo. El ermitaño me mira tiernamente pero no accede a mis pedidos. No se acerca, sólo me mira tiernamente.

Yo, en el Unicenter, rodeada de ruidos desesperados. El ermitaño que parece venir a hacerle una cruel pregunta a la humanidad ¿Y qué hay si en verdad no hay nadie aquí? Si ya nos hemos extinguido… ¿Y qué si el hombre ya no está aquí? Y qué si ya lo arruinó todo. Este anciano viene a convencernos de que ya hemos perecido hace mucho tiempo por más que sigamos andando. Quizá seamos como las estrellas que vemos en el cielo, las vemos claro, pero que se han apagado hace mucho tiempo. Quizá la humanidad se cree que existe y el ermitaño viene a anunciar que estamos todos muertos o perdidos –que no es lo mismo pero es igual-.

El ermitaño espera mi respuesta ¿Hay alguien ahí? Él no se convence, él no quiere saber quién soy yo ni tocarme, él quiere saber si verdaderamente soy alguien, si tengo la valentía para serlo. Me aterra coincidir con este tipo y me meto en el Unicenter para perderlo de vista.





Último deseo


(Fotografía de fotosmontt.com)

Niní ha decidido morir con la mano en el corazón y es por eso que no se la quita del pecho nunca. Esto le genera problemas motrices y complicaciones varias. No puede hacer nada que le implique la utilización de sus dos manos. Jamás se quita la mano del pecho, es que Niní no sabe cuando va a morir.

Lo bueno de esto es que: algunos galancetes la acompañan cargándole las bolsas de las compras; en los gimnasios se libera de hacer abdominales o fuerza de brazo (por una cuestión simétrica), se depila una sola axila, no abraza a nadie, y cuando se encuentra en ciertas dificultades en vez que se la trague la tierra se coloca la otra mano en el pecho y se hace la muertita. Lo mejor de todo es que la gente siempre le cree a Niní todas las cosas que dice, incluso las que son mentiras obvias o alocados inventos, ella siempre comienza sus historias con la conocida y bien ponderada frase “te lo digo con una mano en el corazón” (mientras que con sus ojitos aceituna señala su pecho).

No todo es color de rosa, las ideas que se llevan a la acción producen algunos contratiempos, en el caso de Niní: Pierde bastantes colectivos, no corta los alimentos con cuchillo sino que utiliza sus propios dientes para hacerlo, come empanadas en exceso por su fácil manipulación, no puede conducir automóviles sin chocarlos, no salta a la soga (a no ser que tenga un poste o un árbol cerca), y se le impide la ejecución de algunos instrumentos musicales.

En el sexo una mano menos resulta un problema para los hombres. Siempre hay alguno que se queja y quiere que ella se deshaga de esa “obsesión” (así la han llamado varios irrespetuosos). Muchos la quieren convencer de que no es posible morir durante el acto sexual. Una gran mentira, ya que es muy probable morir en medio de un coito, sobretodo si al mamerto se le ocurre realizar posiciones de riesgo como la de “la suricata en el ventilador”. Por este motivo Niní decide –luego de varios hechos bochornosos- no tener sexo con ningún hombre que la induzca a quitarse la mano del corazón.

La vida de Niní podría cambiar si alguien le predijera el día de su muerte, pero como eso no ha sucedido aún, ella mantiene la palma en el pecho bien cerquita de eso que late.



No hacer más






Tranquila

ahora puedes ser la resistencia

Ahora puedes dedicarte a lo que eres

Una mujer sentada en la silla de un bar

Ansiosa por terminar su jugo y poder irse,

porque te vas a todos los sitios,

porque te quedas en tu casa.

Ahora puedes dedicarte a no ser nada

No eres más el intento de una cosa

No eres lo incierto que promete una maravilla

No eres el cretino misterio

Ni una mañana, ni una noche

Ni unos ojos.

No eres no ni sí

No eres ganas de

Ni la música

No eres la condena de la belleza

No eres más que una mujer en una silla ansiosa por terminar su jugo.

Ahora puedes dedicarte a ser esa circunstancia tan horrible

Ahora puedes ser la ausencia

Y la decadencia

Ahora puedes ser las excusas sin que éstas te importen tres pitos

Puedes ser la que piensa mal o se enoja demasiado

Puedes serlo si no quieres incluso.

Puedes ser la imperfección caminando y la que pide algo

La complicada flor del campo,

Puedes ser la que no alcanza

y la que lo es todo.

Ahora puedo dedicarme a ser esa mujer

la que no seduce, la que no le gusta.

La que se ha formado en los oscuros recovecos de los otros

la que se ha formado a sí misma desde su centro.

¡Hosana! estar sentada en una silla

¡Hosana! tomar jugo

¡Hosana! querer irme

De lo que nunca he creído

¡Hosana! no tener que embellecer nada

Ni tocar mi mandolina frente a ti

Frente a ti nunca más mandolina

¡Hosana!








Época de la papa



(Somos una plantación de papa, en terrazas, con un tipo que trabaja sobre nosotros y nos reproduce incesantemente. Las plantas son todas iguales pero a algunas les toca estar arriba)




Para Niní el paso del tiempo…para Niní acelga con salsa blanca y dos huevos duros en el medio. Esto es para ella como el pastel de papa para casi todos los demás. No jodamos con la papa que ha salvado vidas en épocas de guerra pero en lugares muy lejanos. La papa es el símbolo de la rutina alimenticia y claramente está sobrevaluada. La papa es una hortaliza que no cuesta nada conseguir, por lo tanto es aburrida para la mayoría de los desesperados. Lo peor es que éstos hipócritas le hacen culto a esta hortaliza. Niní prefiere la acelga con salsa blanca y dos huevos duros en el medio, Niní prefiere a su madre.

La comida es un gran referente del paso del tiempo por varias cuestiones: Una, porque se echa a perder (como los seres humanos). Por ejemplo: cuando abrís la heladera y te encontrás con un cacho de queso de color verde (que no es roquefort) envuelto en un pedazo de plástico transparente, te podría decir que estás en problemas. La dejadez ha llegado a tu heladera (el artefacto más útil de la casa). Mario se estaba echando a perder como si fuera un atado de cigarrillos vacío en el tacho de la basura. Hay dos datos horribles que corroboran el carácter miserable de un atado de puchos vacío: El primero es que está vacío, o sea que te fumaste todos los cigarros, o sea que es probable que a la larga te provoques un enfisema pulmonar. El segundo dato que expone la miseria del paquete es el mismo dato anterior: repito, está vacío ¡está vacío! y vos estás con una ansiedad grandiosa y ya no tienes esas vergas para engañar las puteces de tu alma. Mario era tan miserable como un paquete de puchos vacío tirado en la basura, era una mala noticia por donde lo mires.

Niní gustaba de la acelga con salsa blanca y dos huevos duros en el medio. Se necesita perseverancia, se necesita perseverancia. No le hables a Niní de la papa, no le hables a Niní de los paquetes de puchos vacíos, ni de Mario que es un ser que no limpia su heladera o lo que es peor no come la comida.



(Conviene ser como esta planta de papa, erguida en su camino, si es que te toco en esta vida ser papa. Así es Niní)





mujer cabeza






Niní es un alma frágil que necesita de los nuevos descubrimientos y de los milagros. En esta ocasión Niní descubrió cómo ver las estrellas. Esto fue logrado mediante una fuerte inflamación en el trígemino (no pienso desarrollar la palabra trigémino pero es algo que cuando se inflama duele sobremanera y produce este gran milagro: ver las estrellas bien de cerca).

Hay dos formas de tomarse los asuntos desafortunados: La primera es preguntarse ¿por qué a mí? (ésta es la más común y conveniente), y la segunda es capitalizar el problema (“capitalizar” figura en el ranking número cinco de los verbos más detestables del mundo de la palabra, pero como el trigémino no le tuvo respeto a Niní yo tampoco se lo voy a tener a una oración).

Aparte de ver las estrellas Niní aprendíó que la inflamación siempre le avisaba cuando el pasado aparecía con ansias de derrumbar su presente.

Pasaron muchas cosas y tiempo, mas finalmente, Niní capitalizó el asunto y no sólo que se dedico a descubrir constelaciones sino que aprendió a levantar la ruina del presente. Todo gracias al trigémino (que es una palabra que no pienso desarrollar).

Cada vez me cae mejor esta mujer.





La india del Rock




Yo quería ser como ella, incluso cuando tenía dieciocho años me le parecía bastante. Vestía de ropa oscura, borcegos con plataforma y era groupie de Charly García. El tiempo me ha quitado la aspereza de la adolescencia. Me gustaba el gesto tímido y adolorido de su cara, me identificaba con eso.
Ayer me pasaron este video y me puse a recordar tanto… quién era yo en ese entonces; quién era yo cuando soñaba la posibilidad de poder vivir en otro lugar (estaba enamorada de Praga), quién era yo cuando soñaba andar por la vida con un vestido largo azul…
Cantaba a los alaridos este tema y la iba a ver tocar a canal siete. Victoria me había conseguido un autógrafo de ella y yo lo tenía enmarcadito y pegado en mi pieza como si fuera un tesoro.
La adolescencia es el tiempo de la desesperación por excelencia. Salís al mundo de afuera y buscás a alguien que se parezca a vos, es lo único que haces las veinticuatro horas del día. Yo encontré a María Gabriela, ella era yo y quién yo quería ser. Luego me sucedió lo peor que le puede suceder a un ser humano: crecí, y ahora yo soy parámetro para algunas adolescentes de la familia. Yo les digo que imiten a Pampita o las de casi ángeles, pero ella me quieren y me imitan a mí.
Cuando Epúmer se murió lloré mucho. Cuando se fue se llevó el vestido azul, los borcegos, la ropa oscura, y las visitas a la casa de Charly… Se llevó casi todo lo que tenía en esa época. Pensé: ¡Qué suerte que ya no me parezco tanto a ella! Yo no me quiero morir. Y ahí dejé todo.






Época de nutrición




Los patos vuelan bajo y pueden ver claramente a una humanidad de extraviados.

La mujer se encuentra en el centro real siendo el eje del movimiento de todo lo que acontece. Y el movimiento acontece rápido, pues todo le pertenece al tiempo inevitable que no descansa. Niní no olvidó jamás lo que le dijo el marsellés: “No se puede controlar lo que no descansa”.

Lo que hace muy bien Niní es contemplar los patos aquellos, esas bestias aladas que vuelan bajo y están libradas de ser útiles, quizá la mayor libertad que un ser de esta tierra pueda gozar.

Se despertó en el agreste y dio gracias por su paz. A la mitad del día tomó su rifle y le disparó a uno de los patos. Nada puede definir a las especies, finalmente ese pato fue desprevenidamente útil, alimentó a Niní quién con humildad y sintiendo el claustro que siente un depredador prendió un fuego.

Niní ya no se pregunta: ¿Quién soy? sino más bien ¿Quiénes son todos estos?

A los patos les conviene volar alto porque si van bajo se corrompen.






Depredador



(Foto: J. Morelli)




Época de las hojas


Incluso siendo otoño, la época de las pérdidas por demás, Niní comenzó a coquetear con los lugares de los que ya no se vuelve.
Niní siempre fue una mujer expeditiva, la conozco desde que vivía en la avenida Juan B. Justo. Pasaba los días metida en su departamento investigando las plantas del patio. Amaba los muzgos, esos eran los más difíciles. Siempre apostó fuerte, casi siempre perdió fuerte. Ella prefería poder contarle algo nuevo a su padre en vez de estar llevando una vida normal llena de relaciones, tuco y colores combinables. Era expeditiva, quizá demasiado. Una vez descubierta la cosa que investigaba, Niní sentía un gran vacío, quizá como el espacio que hay entre la rueda y el eje, quizá como el espacio que hace que algo cumpla su función. El peor momento es el más esperado, decía su padre.
No es bueno estar bajo control en otoño. Otoño es una estación para dedicarse a perder. Eso es lo que hizo Niní en el tiempo de las hojas. Perdió la forma de definir su historia, perdió datos importantísimos acerca del dolor, perdió la oportunidad de contar secretos, perdió el encuentro con su verdadero amor en un supermercado chino, y, lo peor de todo, es que se quitó lo que era de ella (algo así como robarse a uno mismo, una verdadera canallada).

Deseo


Ahora la ciencia va a hacer algo por vos
Ahora el amor
Ahora nosotros
y te vas a recomponer pronto...
¡Avanti morocha!

El príncipe






Para los que no lo conocen aún, Gustavo Pena "El príncipe", músico uruguayo ¡de la ostia!
Amo a los artistas que me emocionan.
Anda dando vueltas un documental sobre él que se llama "la cocina", si lo pueden ver...






¡Buen fin de año mi gente beia!
Pásenlo con los que aman, que vibran bien, mucha música, expresión y nada de pirotécnia putos que se me asusta firulais.



(Silvio, nombre de pila "El firu")




Mariposas



(imágen extraída de internet)



Dos mamarrachas de buena fe

caminan con una pata arriba

por gusto nomás

y para no marcar el mineral.

La inminencia del barro

se escribe,

y aunque no se entiendan las palabras

no están para eso

las palabras

están para otra cosa

como las mariposas

-que no sabemos bien para qué están-

Aletean arrollando el buen sabor

el buen saber del acuerdo.

Y si es invierno en las cuevas de los ojos

vuelan igual,

y si es verano en las entrepiernas del camino sagrado

vuelan

y si caen sus dermis disecadas al pavimento de la tierra

vuelan soplándose la una a la otra

y el día que hay flores en el mercado de la música

sobrevuelan

que es lo mismo que volar

pero detenido.